Tienes dos presupuestos sobre la mesa: uno de 1.800 € y otro de 4.200 €. Parecen lo mismo y se llevan 2.400 €. ¿Cuál está caro? Sin más información, no se puede saber, y ahí empiezan los problemas.
Después de muchos años haciendo webs y tiendas online, hemos visto las dos caras: clientes que pagaron de más y clientes que pagaron de menos y acabaron gastando el doble. Esta es la lista con la que puedes comparar de verdad.
Los 12 puntos que debe responder un presupuesto
- Alcance exacto. Cuántas páginas o secciones, qué funcionalidades, qué queda fuera. «Web corporativa» no es un alcance.
- Quién pone los contenidos. Textos y fotos son la causa número uno de retrasos. Debe quedar claro si los aportas tú o se presupuestan aparte.
- Diseño: a medida o sobre plantilla. Las dos opciones son válidas, pero no cuestan lo mismo y conviene saber cuál estás comprando.
- Cuántas rondas de cambios entran en el precio y qué pasa a partir de ahí.
- Versión móvil. Debe estar incluida y probada, no ser un extra.
- SEO básico de salida: estructura, títulos, descripciones, velocidad razonable y alta en Search Console.
- Textos legales y cookies conforme al RGPD, y quién se responsabiliza de ellos.
- Formación. Si no puedes cambiar un texto o subir un producto sin llamar a nadie, pagarás por cada cambio durante años.
- Mantenimiento después: qué incluye, cuánto cuesta y qué tiempo de respuesta tienes. Nuestro soporte web empieza en 50 €/mes, por poner una referencia.
- Propiedad. El dominio, el hosting, el código y los datos deben quedar a tu nombre. Esto es innegociable.
- Plazo con fechas y qué hace falta de tu parte para cumplirlo.
- Forma de pago y qué incluye cada hito.
Cómo comparar dos ofertas que parecen iguales
Pon las dos en una tabla con esos 12 puntos y rellena. Lo normal es descubrir que la barata no incluye contenidos, ni formación, ni mantenimiento, ni versión en varios idiomas, y que la cara sí. A veces es al revés: la cara incluye cosas que no necesitas y puedes quitarlas.
Después haz la cuenta a tres años, sumando a cada una el mantenimiento, el hosting y las licencias anuales. Es lo que de verdad vas a pagar.
Señales de alarma
- Un precio sin desglose. «Web completa: 2.500 €» no te deja comparar nada.
- Cuota mensual obligatoria para tener la web. Si dejas de pagar y la web desaparece, no es tuya: la alquilas.
- Prometer la primera posición en Google. Nadie puede garantizarla; quien lo hace, miente.
- No hablar de mantenimiento. Significa que después te lo encontrarás como coste imprevisto o, peor, que nadie se ocupará.
- Plazos irreales. Una tienda bien hecha no se entrega en tres días.
- Sin trabajos anteriores que enseñar. Pide ejemplos reales y, si puedes, habla con algún cliente.
Lo que tú deberías aportar para que el presupuesto sea bueno
Un presupuesto es tan preciso como la información de partida. Si quieres números fiables, cuenta esto desde el principio:
- Qué vendes o qué servicio ofreces y a quién.
- Si tienes web ahora, qué te molesta de ella.
- Cuántos productos o secciones, aproximadamente.
- Con qué programas necesitas conectarla (facturación, ERP, agenda, transporte).
- Si tienes textos, fotos y logotipo o hay que crearlos.
- Para cuándo lo necesitas y qué presupuesto manejas.
Decir tu presupuesto no es malo: permite ajustar el alcance a lo que puedes gastar en vez de recibir una propuesta que no encaja.
Preguntas frecuentes
¿Está mal pedir varios presupuestos?
Al contrario, es lo sensato. Lo que no funciona es compararlos solo por el precio final.
¿Por qué hay tanta diferencia entre unos y otros?
Por el alcance y por lo que hay detrás: no es lo mismo una plantilla con tu logotipo que un diseño propio con integraciones y mantenimiento.
¿Qué es lo que más encarece una web?
Las integraciones con otros sistemas y las funcionalidades a medida. El número de páginas influye mucho menos de lo que se cree.
¿Y si no sé lo que necesito?
Es lo más habitual. Una buena agencia te ayuda a definirlo antes de presupuestar; para eso está la reunión inicial.
¿Puedo cambiar de proveedor luego?
Sí, siempre que el dominio, el hosting y el código estén a tu nombre. De ahí el punto 10 de la lista.
Un buen presupuesto se entiende sin ser técnico
Si al leerlo sabes qué vas a tener, cuándo y qué pasa después, es un buen presupuesto. Si te deja con dudas, pregunta antes de firmar: cómo responden a esas preguntas ya te dice bastante sobre cómo será trabajar con ellos.
¿Quieres uno así? Cuéntanos tu proyecto y te lo damos desglosado, con plazo y sin letra pequeña. Y si prefieres empezar por los números, mira cuánto cuesta una tienda online.
